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Mi perro juega muy brusco – ¿Por qué y qué hacer?

mi perro juega brusco o agresivo

La información de este artículo sobre el comportamiento en el juego brusco de nuestro perro y qué podemos hacer, es mucho más importante de lo que puede parecer, ya que hacer las cosas bien con nuestro perro puede marcar la diferencia entre un simple susto o una agresión con graves lesiones. Os invito a que lo leáis con atención y si tenéis cualquier duda, que aprovechéis el apartado de comentarios para consultarme cualquier problema que estéis teniendo. Empecemos.

Los amantes de los animales solemos valorar el tiempo de juego con nuestras mascotas, pero cuidado… A veces el juego puede convertirse en algo problemático y nada divertido para nosotros. Esto ocurre sobre todo si desde cachorros dejamos que ellos guíen el juego, la forma y el tiempo que se dedica. En pocas palabras, si dejamos que sean nuestros amos y nosotros sus esclavos.

Mi cachorro juega muy agresivo, ¿es normal?

Durante sus primeras semanas de vida, los cachorros interactúan con su madre y hermanos a través del juego, utilizando mucho los mordiscos. Esto es algo natural que les ayuda también a regular la intensidad de su mordida. Lo normal es que cuando nuestro cachorro llegue a casa, mantenga ese juego brusco y quiera cazarnos o luchar. Además, muchas veces la excitación es tan grande que también nos ladran o gruñen. No se trata de un comportamiento agresivo, simplemente no sabe jugar de otra manera y lo seguirá haciendo hasta que nosotros le enseñemos a poner límites.

¿Por qué mi perro adulto juega muy brusco?

En el caso de perros adultos, el juego brusco y con mordida suele deberse a una pronta separación de la madre y, sobre todo, a un mal aprendizaje de la inhibición de la mordida de cachorro. Cambiar el comportamiento de un perro adulto siempre será más complicado que enseñar a un cachorro, por eso es importante dedicar tiempo al juego desde pequeños.
Si nuestro perro juega brusco, el primer paso es ignorarlo hasta que esté más relajado y premiarlo en ese momento. Por ejemplo, si salta sobre nosotros o busca constantemente nuestras manos o pies, intentaremos quedarnos completamente quietos y sin mirarlo, hasta que tenga las cuatro patas sobre el suelo y se muestre menos excitado. Entonces lo felicitamos y le damos un juguete como premio para redirigir la mordida hacia él. Al perro le debe quedar bien claro que nosotros no somos su juguete.

¿Mi perro adulto juega muy brusco o es agresivo?

Para saber qué tenemos que trabajar con nuestro perro, tenemos que dedicarle tiempo y analizar su comportamiento. Lo primero es diferenciar si está en modo juego, aunque sea brusco, o si nos está diciendo que está incomodo con la situación, mandando lo que se conoce como señales de calma o de amenaza.
Durante el juego veremos como mueve la cola en algún momento, salta, hace una “reverencia” levantando la parte trasera, también puede gruñir o enseñar los dientes, pero en un contexto de excitación. Por el contrario, si el ambiente es tenso, el perro está demasiado ansioso o no tiene confianza con las personas con las que interactúa, puede sentirse amenazado. Para avisarnos de esa situación, el perro nos manda señales: orejas bajas, desvía la mirada o gira la cabeza, bosteza muy seguido, se lame el hocico, etc. Si tras estas señales la situación no cambia, el perro puede acabar mordiéndonos o marcando con la boca. No quiere decir que sea agresivo, es una forma de decirnos que no le gusta lo que está pasando, por eso debemos observar todas las señales que nos manda el perro.

¿Qué hacer si mi perro juega muy brusco?

Tanto en el caso de adultos como en cachorros, el perro tiene que aprender a controlar la mordida en el juego y calmar su excitación. El objetivo principal es conseguir que en el juego se utilicen juguetes o pelotas, enseñándole a no utilizar su boca cuando juega con nosotros. Lo más importante es no mostrar nuestras manos como un juguete que puede ser cazado, ya que es muy tentador para ellos si agitamos las manos o dejamos que las persigan. A veces funciona emitir un sonido corto y fuerte cuando nos muerda, como una queja, y parar el juego hasta que se calme, dándole después un mordedor o juguete para desviar su atención. De esta forma, el perro acabará entendiendo que el juego se acaba si es muy brusco o nos intenta morder. Lo que no debemos hacer es empujar o golpear al perro en la cara o el morro. Lo más seguro es que nos coja miedo o que nos ataque para defenderse, volviéndose la situación mucho más difícil de corregir.

Como he comentado en el artículo, los perros juegan con la boca y a mordiscos de forma natural, pero es nuestra obligación enseñarles correctamente a que controlen la intensidad para que nunca lleguen a hacer daño de verdad a las personas o a otros perros. Un perro con mal carácter pero bien enseñado puede hacernos un rasguño llegado el momento, mientras que uno muy mimoso pero mal enseñado en la forma e intensidad del mordisco, puede llagar a causarnos mucho daño.

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