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Enfermedad renal crónica en perros y gatos

enfermedad renal cronica en perros y gatos

ENFERMEDAD RENAL CRÓNICA EN PERROS Y GATOS

Hoy dedico este espacio para escribir sobre un tema también bastante técnico y quizás algo pesado, pero muy importante, ya que la enfermedad renal crónica en perros y gatos es bastante frecuente en la clínica diaria, siendo una de las principales causas de mortalidad en pacientes de edades avanzadas. Dicha enfermedad, puede ocurrir en perros y gatos de todas las edades, sexos y razas, pero la mayor incidencia se encuentra en animales geriátricos (de más de 8 años). Según estudios recientes, la prevalencia de dicha enfermedad oscila entre 0,5 – 7% en perros y 1,6 y 20% en gatos. Más del 30% de los gatos mayores de 15 años presentan enfermedad renal crónica siendo una causa importante de morbilidad y mortalidad; en un estudio en gatos con enfermedad renal crónica y sin recibir tratamiento se indicó una esperanza de vida media de tan solo 233 días. En las últimas semanas, varios de nuestros pacientes, los cuáles llevaban bastante tiempo en tratamiento, han fallecido por esta enfermedad, por lo que todavía se me hace más difícil pero también más necesario hablar de este tema.

La enfermedad renal crónica se produce cuando se daña el tejido de los riñones hasta tal punto que se produce una disminución de la función normal de dicho órgano. El riñón se encarga de varias funciones, tales como, filtrar la sangre y eliminar componentes tóxicos del cuerpo, mantener la presión sanguínea, crear nuevos globulos rojos, etc.

Hablamos de enfermedad renal crónica en perros y gatos cuando hay una disminución de la función normal del riñón y los problemas persisten más de tres meses. Se trata de una enfermedad progresiva que presenta varios estadios según la cantidad de tejido renal afectado. El problema al que siempre nos enfrentamos es que la sintomatología suele aparecer cuando el animal se encuentra en estadios avanzados de la enfermedad y ha perdido cantidades considerables de tejido renal. En estos casos tras diagnosticarse la enfermedad, hace falta medidas terapéuticas para estabilizar al animal (en la medida de lo posible) y evitar un fallo renal que podría ocasionarle la muerte en pocas horas.

Para que os hagáis una idea, si el animal tiene el 50% de su tejido renal intacto no habrá ninguna manifestación clínica, si se afecta de 50 – 75% del tejido, habrá dificultad para concentrar orina y sintomatología que puede pasar desapercibida por parte de los dueños. Y sólo cuando hay un 25 % de tejido funcional es cuando aparece la sintomatología más aparatosa ya que la tasa de filtración renal se verá alterada acumulándose sustancias tóxicas en el cuerpo del animal que debían de haber sido eliminadas por la orina. A todo esto, hay que añadir que la parte de tejido renal que se pierde tras el daño ya no vuelve a recuperarse y se deben de tomar medidas que frenen el avance de la enfermedad.

La elevación de compuestos tóxicos en sangre son los principales causantes de la sintomatología que presentará el animal y varían desde aumento en el consumo de agua y su posterior eliminación, síntomas digestivos (vómitos, diarrea), deshidratación, anemia, dolor abdominal, coma e incluso la muerte.

Las lesiones en la estructura interna del riñón (glomérulo renal) tienen una alta incidencia en perros (entre el 43% y el 90%), y el riesgo de padecerlas se incrementa con la edad. Las lesiones glomerulares se han considerado como las principales responsables de la enfermedad y fallo renal. Procesos como glomerulonefritis y amiloidosis alteran las propiedades de filtración resultando en proteinuria (exceso de excreción proteínas en orina).

Estas lesiones suelen ser secundarias a diferentes procesos, como inflamación por procesos infecciosos (Ehrlichiosis crónica, Leishmaniosis canina, como ya os comenté en artículos anteriores. La Leishmaniosis, cada día, más frecuente entre nuestros perros es la principal causa de daño renal) y no infecciosos (infección de útero o piometra, diabetes mellitus, linfoma y cardiopatías), que pueden aparecer en animales de cualquier edad; y a neoplasias, principalmente en animales geriátricos.

El principal problema que nos encontramos en medicina animal para su tratamiento, es que ahora es cuando se están investigando la realización de hemodiálisis o transplantes renales. En algunos hospitales veterinarios europeos se está comenzando a realizar hemodiálisis pero los transplantes todavía están en estudio. Por todo ello, optamos por llevar a cabo un tratamiento médico conservador llevando un control bastante exhaustivo de los resultados en cada animal individualizando cada terapia. El tratamiento médico no mejora la estructura renal, ya que el tejido que se ha perdido en este caso no se vuelve a regenerar, sino que va encaminado a disminuir el trabajo del riñón y frenar la progresión del fallo renal.

En pacientes aquejados de enfermedad renal adquirida de forma natural, uno de los factores que mejor permiten establecer la rápida progresión de la enfermedad o lo que es lo mismo la aparición temprana de una crisis por acumulación de tóxicos es la presencia de proteína en orina. Los perros con relación de proteína/creatinina en su orina mayor a 1 tienen tres veces más probabilidades de desarrollar una crisis urémica que aquellos con una relación inferior a 1. La primera conclusión que podemos sacar de todo esto es que la proteinuria (presencia de proteína en orina) presenta una relación muy directa con la progresión de la enfermedad renal. De esta manera también podemos estandarizar a los pacientes según el estadio de la enfermedad que se encuentren y del mismo modo poder individualizar el tratamiento en cada caso y poder daros un pronóstico.

En el pronóstico de las nefropatías crónicas influyen muchos factores: algunos de ellos de fácil valoración tales como la calidad de los cuidados médicos proporcionados, el grado de implicación del propietario, la edad del paciente y la gravedad y duración de los signos clínicos y las complicaciones de la uremia (factor predictivo de supervivencia a corto plazo) y otros más difíciles de identificar tales como el tipo de nefropatía primaria, la posibilidad de que mejore la funcionalidad renal, la gravedad del deterioro renal intrínseco y la velocidad de evolución de la disfunción renal con o si tratamiento.

Por esto, resulta de suma importancia incluir el análisis de orina en la rutina diagnóstica de animales mayores de 8 años, ya que la presencia de proteinuria es un marcador precoz de daño renal que aparece antes que la sintomatología lo que nos permite poder frenar la enfermedad antes de quedar dañado el riñón en su totalidad.

Investigaciones recientes muestran que los perros con fallo renal crónico alimentados con un alimento especialmente formulado viven dos veces más que aquellos alimentados con un alimento comercial para perros adultos. En gatos los estudios también muestran claros beneficios en términos de supervivencia y alteraciones bioquímicas, observándose supervivencias medias de 16 meses respecto a 7 en aquellos pacientes que consumieron dietas específicamente formuladas para la enfermedad renal crónica. En mi propia experiencia, la dieta de calidad es muy importante tanto en la prevención como en el mantenimiento de la enfermedad renal y por eso siempre hago tanto hincapié en que os dejéis asesorar por los veterinarios sobre la alimentación de vuestras mascotas.

Entiendo que no ha sido el artículo más interesante para leer pero os aseguro que es muy importante que en animales de cierta edad tengáis muy en cuenta que un análisis de sangre y orina a tiempo puede evitarnos muchas sorpresas desagradables.

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